El ligamento cruzado anterior (LCA) se trata de un ligamento intra-articular situado en la rodilla que evita el desplazamiento anterior de la tibia, la rotación tibial y se opone a las fuerzas de varo-valgo en extensión de la rodilla. Cuando se produce una rotura de este ligamento se pierden estas propiedades estabilizadoras pudiéndose producir, por lo tanto, una inestabilidad de la articulación que conduzca a una artrosis de la misma de forma precoz.

Su rotura puede ocasionarse en traumatismos de alta y de baja energía pero lo más frecuente es que se produzca en un mal gesto de la rodilla tras una recepción  de un salto o en un cambio de dirección brusco. Se trata de una lesión frecuente en la práctica de numerosos deportes.

En la exploración se evidencia un derrame que se debe al sangrado por la rotura del ligamento. También existe limitación de la movilidad y dolor. La maniobra de Lachman suele ser positiva si el paciente se relaja.

El diagnóstico se confirmará con unas radiografías simples y una resonancia magnética.

Las lesiones completas de este ligamento no se curan mediante tratamiento conservador. Si no se realiza tratamiento quirúrgico la inestabilidad que se produce en la articulación impedirá recuperar el nivel deportivo previo y además de predisponer a lesiones meniscales y al desarrollo de artrosis en la rodilla.

Normalmente la cirugía se realiza cuando ha pasado la fase aguda de la lesión, una vez se ha recuperado una completa movilidad y un buen estado muscular, aunque para ello se tenga que realizar rehabilitación. En ocasiones, antes de la cirugía es necesario realizar el tratamiento de lesiones asociadas como esguinces de los ligamentos colaterales o contusiones óseas.  Aunque la cirugía pueda demorarse  algunas semanas, habrá que realizarla antes de que aparezcan lesiones meniscales o degeneración del cartílago.

Existen distintos procedimientos artroscópicos de reconstrucción del LCA  mediante autoinjerto aunque  los  más empleados son los tendones isquiotibiales (recto interno o gracilis y semitendinoso) y el tendón rotuliano (hueso-tendón-hueso – HTH). También se puede utilizar aloinjerto procedente del banco de tejidos o realizar plastias de refuerzo extraarticular.

Autoinjertos: Por su adecuada resistencia, hasta hace pocos años, la plastia de referencia era el hueso-tendón rotuliano-hueso (HTH) pero actualmente las plastias multifasciculares de semitendinoso y recto interno se emplean con total normalidad ya que también han demostrado una resistencia superior al LCA normal. Estos injertos al ser implantados pasarán por una fase de resorción, una de revascularización y otra de reestructuración de sus fibras. Las ventajas del HTH es la gran resistencia tensional en las primeras fases de la recuperación y su buena fijación hueso-hueso. La plastia multifascicular tiene la ventaja de su elasticidad, que requiere túneles óseos mas pequeños y que disminuye el riesgo de dolor rotuliano como secuela.

Aloinjertos: Son injertos del banco de tejidos. Utilizándolos evitamos la agresión y posibles secuelas en las zonas donadoras del autoinjerto. En la actualidad y debido a como se manipulan una vez extraídos,  se utilización es bastante segura ya que son poco antigénicos (poca probabilidad de rechazo), tienen baja probabilidad de transmisión de enfermedades y conservan su resistencia correctamente. Se emplean con frecuencia hueso-tendón rotuliano-hueso, tendón Aquiles-hueso, tendones peroneos y tendones isquiotibiales. Una vez implantados las fases por las que pasan son las mismas que los autoinjertos. El periodo de mayor debilidad de los 2 tipos de injertos ronda las 6 a 12 semanas y el de remodelación los 6 meses.

Tras el procedimiento artroscópico de reconstrucción del ligamento cruzado anterior, es de vital importancia la rehabilitación que se iniciará de forma inmediata y que pasará por distintas fases hasta la recuperación final.

Las complicaciones que pueden aparecer son la rigidez que provocará limitación de la movilidad de la rodilla. Para evitarlo, habitualmente se realiza la cirugía después de la fase aguda de la lesión y se indica la movilización precoz una vez se ha operado al paciente. El dolor fémoropatelar (síndrome rotuliano doloroso) puede aparecer en aquellos casos en los que se emplea HTH. Con el HTH también se han descrito fracturas rotulianas al extraer el injerto o tardías por posible desvascularización de la rótula. Otras posibles complicaciones, muy poco frecuentes, son la infección, la distrofia simpático-refleja, la trombosis venosa profunda y lesiones vasculares o nerviosas.

Visítanos en TEM. Te atendemos en el centro de Palma de Mallorca para que recuperes tu calidad de vida. Nuestros especialistas pueden ofrecerte la mejor opción terapeutica.