De todas las cirugías practicadas por los cirujanos ortopédicos, la artroplastia o prótesis total de cadera (PTC) es de las que mejores resultados logra, pero existe un determinado porcentaje que se deteriora con el tiempo y deben ser recambiadas, o por inestabilidad del implante (luxación) o por aflojamiento aséptico (no infeccioso) o por aflojamiento séptico (infeccioso). La causa más frecuente es el aflojamiento no infeccioso.

Entre 1970 y 1980 se pensó que el aflojamiento aséptico era debido a un problema con el cemento que se utilizaba para fijar los componentes de la prótesis al hueso, por este motivo en los 80 se empezaron a implantar prótesis no cementadas, pero tras unos años aparecieron en estos implantes lesiones óseas similares que conducían a su aflojamiento. En la década de los 90 se confirmó que el origen de las lesiones óseas que conducían al aflojamiento protésico eran las partículas del polietileno provenientes del desgaste del mismo debido al roce de los componentes.

Existen diversos factores que se relacionan con la producción de partículas de desgaste de los materiales y por consiguiente con la probabilidad de aflojamiento de la prótesis:

-Edad del paciente: cuanto más joven mayor es su esperanza de vida y mayor es su grado de actividad, produciendo más partículas que los pacientes ancianos.

-Obesidad: por la posible sobrecarga del implante

-Enfermedades que condicionen mala calidad ósea como la osteoporosis tienen más riesgo de aflojamiento

-Una incorrecta implantación de los componentes protésicos puede provocar que se formen más partículas de desgaste

-Una mala cementación facilitará la movilización del implante

-Los factores relacionados con los implantes como diseño, tipo de material, tamaño de los componentes, etc, se han perfeccionado con los años

Cuando sobre una prótesis que ha funcionado bien durante tiempo aparece dolor, deberemos pensar en un posible aflojamiento aséptico o séptico. Si el dolor es más evidente durante la actividad nos hará pensar en un aflojamiento no infeccioso (aséptico), si por lo contrario el dolor es más evidente en reposo deberemos descartar un aflojamiento infeccioso (séptico). Si el dolor aparece súbitamente podrían indicar rotura de algún componente protésico.

Para su diagnóstico se explora columna lumbar, cadera, rodilla y tobillo. Se valora la movilidad, si existe cojera, el acortamiento de la extremidad, entre otros.

En cuanto a las pruebas complementarias necesarias, se pueden solicitar radiografías, TAC, RMN, en determinados casos análisis de sangre y orina y gammagrafías óseas. No siempre hace falta solicitarlas todas.

Los objetivos del recambio de prótesis de cadera son eliminar el dolor mediante un montaje estable, conservar el máximo de hueso posible e intentar mantener el centro de rotación de la cadera original. Para conseguirlo existen numerosos tipos de componentes protésicos que se adaptan a los distintos problemas que pueden aparecer, también cabe la posibilidad de emplear injerto óseo, todo ello para conseguir el mayor contacto de la prótesis con el hueso que le confiera la mayor estabilidad primaria posible.

Para conseguir un buen resultado es imprescindible una meticulosa planificación preoperatoria. Es fundamental explicar al paciente y a su familia la complejidad del procedimiento y las complicaciones que pueden surgir. Se tendrá en cuenta la edad, la calidad y las expectativas de vida, las enfermedades asociadas y la calidad del hueso y de las partes blandas.

Para excluir la infección de la prótesis como causa del aflojamiento, además del estudio radiológico necesario, se pueden realizar analítica de sangre, gammagrafías óseas incluso punción de la cadera para cultivo del líquido sinovial. Si persiste la duda a pesar de todas estas pruebas, durante la cirugía se pueden remitir al laboratorio muestras para analizar la cantidad de  células polimorfonucleares que existen en los tejidos y el líquido extraído. También se puede realizar la tinción de Gram para identificación de gérmenes que pudieran aparecer en los tejidos remitidos. Parte de estas muestras se cultivarán para obtener los resultados definitivos y pautar así la terapia antibiótica más efectiva caso de identificarse algún germen. Si previo a la cirugía se diagnostica una infección como origen del aflojamiento y del dolor, se planteará el recambio en uno o dos tiempos.

Aunque no siempre es así, la zona dolorosa orientará sobre el componente aflojado, habitualmente el aflojamiento del cotilo provoca dolor en la ingle mientras que si es el vástago el dolor aparece en el muslo.

Es importante conocer el modelo de prótesis a extraer por si solo fuera preciso el recambio de uno de sus componentes (recambio parcial), de esta manera evitaríamos un recambio completo minimizando riesgos y facilitando la recuperación funcional del paciente. De la misma manera es imprescindible disponer del material adecuado para la extracción de la prótesis, ya que existe material específico para ello que facilitará el trabajo. Se valorará la necesidad de solicitar injerto óseo para tratar los defectos óseo existentes alrededor del implante aflojado. Para obtener los mejores resultados se planificará la cirugía de tal manera que en el momento de realizarla se dispondrá de distintas alternativas protésicas y de material de osteosíntesis por si los hallazgos o las posibles complicaciones obligaran a cambiar de estrategia.

Tras la intervención es importante iniciar la recuperación funcional dirigida y supervisada por un fisioterapeuta con experiencia en este tipo de procesos.

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